Ideario

I. Introducción

 

El siguiente documento expone los aspectos comunes de la identidad de los Colegios que pertenecen en Chile al Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt. Este Instituto ejerce su responsabilidad a través de la Fundación Pentecostés que congrega a estos Colegios y lidera su funcionamiento en red.

La fundación de estos Colegios se debió a la acción conjunta de laicos y Padres de Schoenstatt, quienes en forma colaborativa, conforme al espíritu y estilo de Schoenstatt, los han conducido y animado.

Este ideario establece las bases del funcionamiento en red de nuestros Colegios, otorgando claridad respecto a los pilares fundamentales sobre los que cada institución erige su proyecto educativo. El desarrollo del proyecto educativo de cada Colegio permite que este ideario se enriquezca a partir de su propia particularidad e historia.

Lo expuesto a continuación puede profundizarse en los documentos escritos y a disposición de todos que desarrollan las distintas temáticas. Se estará siempre evaluando la necesidad de elaborar nuevos documentos a partir de la experiencia y reflexiones comunes.

 

II. Fundamentos

1. Comprensión cristiana de la persona humana

Éste es el primer fundamento de nuestros colegios: la vida y la enseñanza de Cristo son nuestros criterios fundamentales, así como las encontramos expuestas en la Sagrada Escritura, la tradición viva de la Iglesia y la enseñanza de su magisterio. Nos guían especialmente el Concilio Vaticano II y las orientaciones de la Iglesia en la actualidad.

2. Espiritualidad y pedagogía schoenstattiana

Nuestros colegios, unidos al pensamiento y la praxis del P. José Kentenich, asumen acentos concretos que provienen de su inspiración espiritual y pedagógica. Estos acentos se refieren especialmente a la persona humana en su originalidad y libertad, en su capacidad de establecer vínculos personales y de dar carácter personal a toda su vida, y en su vocación a vivir en comunidad y a asumir responsabilidad por otros.

3. Apertura a las corrientes educativas actuales

Desde nuestro núcleo de identidad, es también primordial para nosotros permanecer en diálogo con las corrientes educativas actuales, sobre todo en el ámbito católico. Queremos conocer sus investigaciones y propuestas para precisar y profundizar nuestras propias prácticas.

4. Calidad de la educación

Pertenece también a nuestras orientaciones fundamentales el esfuerzo porque nuestros colegios sean colegios de calidad. Queremos que lo sean en su funcionamiento administrativo, en los aspectos financieros y legales, pero sobre todo en lo pedagógico.  Queremos que sean colegios de calidad en lo académico y en lo formativo, en lo que nosotros mismos nos hemos propuesto y en las mediciones externas. Nos guía en esto especialmente un gran anhelo por la excelencia, es decir por el máximo desarrollo de las capacidades de nuestras alumnas y nuestros alumnos.

 

III. El hombre y la mujer que queremos encarnar y formar

1. Consideramos a cada ser humano como persona, como un ser único, libre y orgánico.

a. Cada persona es un ser único.

Ha sido creado por Dios con una originalidad que él desarrolla desde su propio interior y así su existencia se orienta hacia el pleno despliegue de todos sus talentos. En su camino juega un rol esencial la inteligencia y la vocación a conocer y a aprender. El educador respeta la originalidad de cada persona y coopera a que ella se desarrolle hacia su plenitud.

b. Cada persona es un ser libre.

Ha de desarrollarse creciendo en su capacidad de tomar la vida en sus manos, conducir su historia y donarse a sí mismo en un acto pleno de amor. En la educación de la libertad tiene un lugar central el “cultivo del espíritu”, especialmente a través de vivencias de familia y compromiso con ideales. El educador coopera al libre desarrollo de cada persona y orienta la libertad hacia los vínculos personales y la magnanimidad.

c. Cada persona es un ser orgánico.

Ella está llamada a incorporar los distintos ámbitos de su vida a una existencia auténticamente plena. Esto ocurre a través de procesos personales desde el núcleo de la persona, integrando también todos los aspectos propios de su vocación sexual y social. El educador ayuda a consolidar el núcleo personal, a integrar los distintos aspectos de la personalidad, a crecer en su identidad masculina o femenina, y a asumir responsabilidad comunitaria.

2. Entendemos la plenitud de la vida como la perfección del amor

El amor, como la vocación más propia del ser humano, es una realidad que involucra todas las dimensiones de su persona y compromete con fuerza integradora todos los ámbitos de su personalidad.

Por eso acentuamos en cada hombre y mujer el desarrollo de la capacidad de establecer vínculos personales: lazos permanentes y cargados de afecto que constituyen fuente y fuerza en nuestro aprendizaje. A través de los vínculos personales el amor se convierte en alma del comportamiento habitual y toma formas concretas en la vida cotidiana.

Por todo esto el colegio quiere ser experimentado como comunidad y familia, acentuando experiencias de fraternidad solidaria y de un ejercicio cristiano de la autoridad. Los rasgos personales de la convivencia están especialmente encarnados en María, Madre de Jesús.

3. Somos responsables de nuestro mundo

La vocación permanente de toda persona a vivir en comunión con otros y a crecer en su responsabilidad por los demás, adquiere en tiempos de cambios como éste una especial intensidad. Acentuamos en nuestros colegios la vivencia y el aprendizaje en este sentido.

Nuestra aspiración cristiana a la vida plena nos lleva a una especial solidaridad: nos preocupa cooperar con el surgimiento de una nueva cultura. Lo hacemos  asumiendo el encargo misionero de Jesús para construir para todos una tierra más acorde con su Evangelio. Hacemos propio el llamado de la Iglesia a trabajar porque nuestros pueblos tengan, en Él, vida en abundancia.

Nuestros colegios actualizan su vocación social en una íntima relación con el Chile actual, con su realidad y con sus desafíos. Como cristianos nos hacemos responsables por la misión de la Iglesia de nuestra patria en orden a dar alma a esta sociedad.

 

IV. Nuestra labor educativa

1. Lo que hace propia nuestra labor educativa es que asumimos las orientaciones centrales del P. José Kentenich. Nos esforzamos, en consecuencia, por una pedagogía de confianza y de ideales, de vínculos y de Alianza, de libertad y de movimiento.  En nuestra praxis usamos los instrumentos que él desarrolló y empleamos su terminología. Nos orienta su visión de los procesos de crecimiento y del ethos del educador.

2. Nuestros colegios son una respuesta institucionalizada a la vocación de la persona humana a entrar en relación con la realidad, a conocerla y valorarla. Esta relación es dinámica y se desarrolla a través de un proceso hacia la plenitud de la vida.

En el crecimiento de cada persona ocupa un lugar central el aspecto intelectivo. La persona, a través de los procesos que la hacen crecer en su contacto y compresión de la realidad, desarrolla una comunicación que es fuente de orientación y seguridad,  y que le trae libertad y creatividad. Por eso, el proceso de enseñanza-aprendizaje es determinante en la organización y la vida de nuestros colegios.

Esto se traduce en un curriculum que incorpora tanto la dimensión académica como la formativa en general. Lo  entendemos como un proceso personal y comunitario, sistemático, progresivo y pedagógicamente intencionado de encuentro con toda la realidad, que responde a la vocación de la persona al encuentro con la verdad pero, al mismo tiempo, trasciende los aspectos sólo cognitivos para llevar a cada uno a su plenitud original e incorporarlo a una plenitud comunitaria.

3. Nuestra comprensión de la relación con la realidad tiene su raíz en Jesucristo. Creemos que toda la realidad viene de la mano de Dios, creador y padre. Cada creatura es conocida y amada plenamente por Él. Dios hace participar al hombre de esta relación suya con la realidad y por eso la vocación humana a conocerla y amarla es tendencia y alegría de su propio ser.

4. Por todo lo anterior nos planteamos la tarea de cooperar para que cada hombre y mujer tengan una óptima relación con la realidad, conforme al momento en que se encuentra en su desarrollo y a su propia originalidad, de modo que ella realice su vocación como ser humano y pueda seguir creciendo hacia la plenitud de la vida. Lo hacemos insertos en la realidad social, legal y eclesial en que nos encontramos.

5. Entendemos que el proceso de transformarse en personas plenas, conforme al plan de Dios para cada uno, es una tarea que compromete a la totalidad de los miembros de nuestra comunidad educativa. Para nosotros es esencial la relación con las familias de nuestros alumnos y alumnas y cultivamos por eso una profunda comunión de  voluntad e intereses con ellas. Aspiramos también a la consolidación de todo el colegio, sus miembros y estamentos como una comunidad viva y actuante.

 

Santiago, 25 de junio 2012